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Quistes ováricos en las niñas

Quiste ovárico en una niña es una enfermedad acompañada por la formación de una burbuja llena de líquido en la glándula. La patología suele ser de naturaleza benigna. Algunas formas pueden auto-resolver sin tratamiento, pero otros requieren intervención quirúrgica debido al alto riesgo de complicaciones.

Los quistes ováricos se detectan con mayor frecuencia en adolescentes y niñas menores de un año. En el primer caso, la patología se asocia con la formación de fondo hormonal y el inicio de la menstruación. Inmediatamente después de la maduración del óvulo en su lugar se forma el cuerpo amarillo. Con violaciónes de la regulación hormonal cambia el proceso, lo que conduce a la formación de quistes.

Los signos de patología pueden estar completamente ausentes, pero con la progresión de la enfermedad se manifiesta sintomatología, lo que indica una violación de los apéndices. Los síntomas de los quistes ováricos en las niñas pueden variar dependiendo del tipo de formación.

Los quistes en niñas en el primer año de vida son menos frecuentes y están asociados a las peculiaridades del curso del embarazo. En la mayoría de los casos, la patología no requiere tratamiento y desaparece por sí sola.

Clasificación

Se distinguen varios tipos de neoplasias, pero en las niñas sólo se encuentran dos tipos de quistes:

  • Folicular. Su formación se explica por el hecho de que en la segunda fase del ciclo no se produce la destrucción del folículo y éste permanece en forma de burbuja. En circunstancias desfavorables, comienza a aumentar. Tales focos se reabsorben en 3-4 meses.
  • Luteal. Normalmente, el cuerpo lúteo experimenta un desarrollo inverso si no se produce el embarazo, pero a veces se agranda. Las tácticas de tratamiento dependen del tamaño del quiste y del ritmo de crecimiento.

La patología puede ser unilateral o bilateral. En caso de masas múltiples, se diagnostica poliquistosis.

Síntomas de los quistes ováricos en una niña

En los adolescentes, las neoplasias de los apéndices no presentan síntomas durante mucho tiempo. Con la progresión de la patología, pueden aparecer los siguientes signos:

  • Dolor en la parte baja de la espalda con irradiación a la ingle y la pierna;
  • Molestias al orinar;
  • Irregularidades en el ciclo;
  • Fiebre;
  • Fatiga excesiva;
  • Trastornos intestinales:

El ciclo menstrual en las niñas durante los dos primeros años puede ser irregular, pero si este signo se combina con otros síntomas, debe realizarse un examen completo y excluirse la existencia de formaciones quísticas.

Causas de la patología

La causa principal de la enfermedad es un fallo en el proceso de la pubertad. Esta es la razón de la alta frecuencia de neoplasias en niñas de 13-15 años. Al mismo tiempo, la enfermedad no se excluye en los niños del primer año de vida. Por lo tanto, el mecanismo de desarrollo de la enfermedad será diferente.

Un quiste ovárico folicular en una niña puede estar causado por:

  • aparición precoz de la menstruación;
  • sobrepeso;
  • predisposición hereditaria;
  • patologías del sistema endocrino;
  • interrupción del ciclo durante un año o más.

Las neoplasias del cuerpo lúteo son menos frecuentes. Las causas de los quistes ováricos en una adolescente son las siguientes:

  • hipotermia frecuente;
  • aumento del esfuerzo físico;
  • toma de medicamentos que inhiben el sistema inmunitario.

Las causas de los quistes en las niñas durante el primer año de vida incluyen:

  • complicaciones durante el embarazo;
  • predisposición genética;
  • antecedentes maternos de aborto;
  • proceso infeccioso durante el embarazo;
  • toma de medicamentos hormonales.

Estas masas suelen resolverse a la edad de 12 meses. Se detectan con mayor frecuencia en niñas cuyas madres también padecen esta patología. Los óvulos empiezan a formarse antes de que nazca el bebé, por lo que no se excluye una manifestación tan precoz de la enfermedad.

Diagnóstico de la enfermedad

Dado que los síntomas de los quistes ováricos en las adolescentes suelen estar ausentes, la patología se detecta accidentalmente durante la ecografía. El único signo es la irregularidad menstrual, pero a esta edad, este síntoma rara vez es notado por las madres de las niñas, ya que el fondo hormonal aún no se ha nivelado.

Las menstruaciones dolorosas y la irregularidad del ciclo menstrual son quejas frecuentes de las adolescentes que acuden al ginecólogo. Estos síntomas siempre indican una patología y solo un médico podrá determinar su tipo.

El examen a dos manos sólo es posible en pacientes sexualmente activas. En otros casos, el médico se limita al diagnóstico ecográfico. Esto ayudará a determinar la localización de la formación, su tamaño. Si es necesario, la ecografía se repite en un determinado día del ciclo. Si la ecografía no es suficientemente eficaz, se puede recurrir a la tomografía computarizada o a la resonancia magnética (dependiendo de la edad de la paciente). El diagnóstico de laboratorio es de carácter auxiliar y tiene como objetivo principal detectar la inflamación y otras complicaciones.

Tratamiento de los quistes ováricos

La tarea del médico consiste en elegir una terapia que preserve la función del ovario en el futuro. En la mayoría de los casos, los ginecólogos siguen una táctica de observación y prescriben una terapia farmacológica si es necesario. El tratamiento de los quistes ováricos infantiles puede incluir la toma de anticonceptivos hormonales destinados a inhibir el desarrollo del óvulo. La duración de la terapia puede ser de varios meses.

En casos complejos, cuando la formación aumenta rápidamente de tamaño y/o alcanza un volumen importante, acompañado de síntomas vívidos, está indicado el tratamiento quirúrgico de los quistes ováricos en adolescentes. Los médicos utilizan las siguientes tácticas:

  • cistectomía: se extirpa el quiste junto con la cápsula; esto permite conservar el tejido ovárico, por lo que ya no hay alteración de la función reproductora;
  • ovarioectomía: se extirpa un ovario y su función de fertilidad es asumida por el segundo ovario;
  • la anexectomía consiste en la extirpación del ovario junto con la trompa de Falopio.

Prevención

El estrés, los trastornos nutricionales, la carga excesiva de trabajo pueden tener un impacto negativo en los órganos reproductores. Para minimizar la probabilidad de desarrollo de patologías, el niño debe tener un sueño saludable y horario de descanso, una cantidad suficiente de vitaminas y microelementos en la dieta. Esto ayudará a evitar la alteración del fondo hormonal.

El riesgo de quistes sigue siendo alto en las chicas que han padecido esta afección anteriormente. Como parte de la prevención, se recomienda que se sometan a un tratamiento hormonal y a un seguimiento periódico con un médico.

Las chicas que sufren menstruaciones abundantes y dolores intensos deben acudir al ginecólogo una vez cada tres meses. Si no hay anomalías, basta con controlarse dos veces al año.

Rehabilitación

En caso de intervención quirúrgica, debe prestarse atención al periodo de rehabilitación. En los primeros días es importante proporcionar una dieta nutritiva, si es necesario, utilizar complejos vitamínicos. Hasta que cicatricen las incisiones, está prohibido levantar pesos, ir al baño, sauna, playa y solarium, nadar en aguas abiertas o públicas. La niña debe vestirse según el tiempo que haga, protegiendo cuidadosamente las piernas y la parte baja de la espalda de la hipotermia. Es importante proporcionar a las niñas un entorno psicoemocional sano, evitar el estrés, los castigos relacionados con los estudios, etc.


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